Como padre o madre, es natural que dediques tiempo y esfuerzo a la preparación de tu hijo/a adolescente.
Queremos que tenga una buena base académica para que pueda elegir los estudios que le permitan acceder a mejores oportunidades laborales. En definitiva, como padres queremos que se sienta preparado/a para afrontar el futuro.
Sin embargo, hay otra preparación igual de importante para que afronten su futuro como personas adultas: desarrollar sus habilidades humanas, las que les permitirán relacionarse con los demás con confianza y seguridad.
Que se sientan mejor preparados es especialmente beneficioso ahora, cuando se enfrentan a nuevos retos académicos y sociales, y empiezan a tomar sus propias decisiones.
Comunicarse con seguridad, relacionarse con confianza, trabajar con otros, gestionar la presión, expresar ideas y defenderlas con respeto son habilidades que no siempre se enseñan de forma directa, pero que influyen muchísimo en cómo una persona joven vive cada nueva etapa.
Acaban la ESO y empiezan el Bachillerato. Cambia el nivel de exigencia, el ritmo y tienen que organizarse mejor; y, a veces, cambia el centro, los profesores y los amigos. Y ellos tienen que encontrar su sitio en ese nuevo entorno.
Empiezan la universidad y no conocen a nadie. Tienen que presentarse a sus nuevos compañeros y profesores, iniciar conversaciones, integrarse en un grupo, colaborar en proyectos académicos y desenvolverse de forma autónoma.
Afrontan una entrevista para unas prácticas y necesitan expresarse con confianza y seguridad para explicar quiénes son y qué pueden aportar.
Son las habilidades humanas —la comunicación, el liderazgo, la manera en la que se relacionan con los demás— las que en todas esas situaciones marcarán la diferencia.
Un buen expediente académico les abrirá muchas puertas; la confianza para comunicarse y relacionarse con los demás les ayudará a cruzarlas con seguridad.
Confianza y seguridad: habilidades que se entrenan
A veces damos por hecho que un adolescente ganará confianza con el tiempo o que aprenderá a comunicarse con seguridad cuando tenga más experiencia.
Y en parte es cierto: la experiencia ayuda. Y es igualmente cierto que la autoconfianza crece cuando una persona se atreve a actuar, practica, recibe apoyo y descubre de lo que es capaz.
Un adolescente con confianza sabe cómo gestionar sus emociones para manejarse con calma en situaciones bajo presión y cuando es capaz de afrontar los cambios con una actitud más positiva.
Entonces, ocurre algo muy importante: se atreve a preguntar, a presentarse, a participar, a decir lo que piensa, a pedir ayuda cuando lo necesita o a defender firmemente una idea con firmeza y respeto.
Estas situaciones son muy comunes para la gran mayoría de adolescentes:
· Tienen buenas ideas, pero no las dicen.
· Saben la respuesta a una pregunta, pero no levantan la mano para responder.
· Quieren hacer nuevos amigos, pero ceden la iniciativa a los demás.
· Necesitan hablar con un profesor, pero lo dejan pasar.
· Tienen que hacer una presentación en público, pero se bloquean.
· Les preocupa no encajar, no gustar o parecer ridículos.
Visto desde fuera puede parecer timidez, falta de interés o producto de la inseguridad propia de la edad.
Sin embargo, ¿han tenido suficientes oportunidades para practicar estas situaciones en un entorno seguro? ¿Han aprendido cómo iniciar una conversación, cómo expresar una opinión, cómo gestionar los nervios o cómo pedir ayuda con naturalidad?
Cuanto antes puedan practicar, antes descubrirán que son capaces. Y cuando lo descubren, su manera de relacionarse con los demás cambia.
¿Qué puedes hacer tú como padre o madre?
Puedes darle espacio para expresarse con libertad. Escucharle con atención, sin corregir enseguida. Preguntarle qué piensa. Pedirle que argumente una decisión. Dejar que haga algunas gestiones importantes por sí mismo. Animarle a hablar con adultos, a pedir información, a resolver pequeñas situaciones cotidianas.
También puedes ayudarle a entender que comunicarse bien no significa hablar mucho ni tener un carácter extrovertido, sino saber cómo conectar con los demás desde la seguridad, la escucha y el respeto.
Y puedes ofrecerle una alternativa distinta: un entorno seguro en el que practicar esas habilidades con otros jóvenes, de forma guiada, positiva y real.
El curso Dale Carnegie para Jóvenes les ayuda a desarrollar sus habilidades ahora y les servirá para toda la vida
Invertimos en estudios e idiomas porque sabemos que serán importantes para su futuro. Y lo son.
Pero su futuro también les pedirá otras capacidades y habilidades: saber presentarse, escuchar activamente, trabajar en equipo, gestionar la presión, hablar con claridad, defender sus ideas, crear nuevas relaciones, resolver desacuerdos, pedir ayuda y tomar iniciativa.
Estas habilidades no son “extras”. Son una parte fundamental de su preparación, porque les ayudará a desenvolverse mejor en el bachillerato o en la universidad, en sus primeras experiencias profesionales y en su vida personal.
En el curso Dale Carnegie para Jóvenes de 16 a 19 años entrenan sus habilidades de forma práctica, positiva y participativa, con un método que funciona.
No hay teoría. Se trata de practicar: exponerse poco a poco, recibir feedback, ganar seguridad en un entorno en el que se sienten acompañados y hacer cosas que quizá antes evitaban.
Y entonces descubren que pueden comunicarse mejor y relacionarse con más confianza y seguridad.
Carlota lo expresaba así tras participar en nuestro curso: “Cuando entré en la sala tenía un poco de miedo. Pero después entendí que nadie va a juzgar a nadie y que estábamos aquí para apoyarnos. En esta experiencia lo he pasado muy bien, porque he conseguido conectar con gente. Y también he ganado confianza en mí misma para hacer cosas que no imaginaba que podía hacer. Y me siento muy agradecida por eso”.
Su testimonio resume muy bien el valor del entrenamiento en habilidades para jóvenes que proponemos en Dale Carnegie Training.
No se trata de cambiar su personalidad, sino de ayudarles a sentirse más seguros sin que por ello dejen de ser ellos mismos.
Porque cuando una persona joven gana confianza en sí misma para comunicarse, también gana seguridad para relacionarse con los demás. Y esto, le servirá para toda la vida.






